Cero Hipocresía
Muchas veces los creyentes somos hipócritas. Hipócritas no sólo en nuestras relaciones con las demás personas, sino aun en nuestra relación con el Señor. Nos asaltan pensamientos como: “¿Por qué ocurrió ésto? Tú prometiste que sustentarías a tus hijos y que nada nos podría separar de tu amor ¿Qué significa lo que ha pasado entonces?”. Rápidamente desechamos esos pensamientos como pecado, blasfemia y pretendemos que nunca nos pasaron por la mente. Y en realidad son pecado, muestran nuestra falta de fe, que somos “hombres de poca fe”. Pero veo en las Escrituras a creyentes piadosos que tuvieron esta clase de pensamientos ¡Y se lo dijeron a Dios! Moisés, Josué y Gedeón son sólo unos ejemplos. Siendo así ¿Por qué debo pretender que nunca he pensado cosas como esas? De todos modos el Señor lo sabe, lo sabía antes de que yo los considerara pues nada hay oculto para Él.
Así que ¿Por qué no traerlos ante Su presencia? Él conoce mis temores y ansiedades aun mejor que yo misma: “Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto” (Salmos 38:9). ¿Por qué no derramar mis preocupaciones en oración, sabiendo que en nadie más puedo encontrar refugio y solución a mis congojas?
Todavía más, al leer algunas de las ocasiones en las que hombres de Dios, con corazones atribulados, se sinceraron delante de Él, la respuesta que recibieron del Señor no fue una reprensión airada. Al contrario, fueron palabras de aliento y amor.
Algunos ejemplos:
| Oración | Respuesta del Señor |
| Moisés y Aarón no comprenden cómo el Señor que los envió a Faraón, permitió que éste oprimiese al pueblo obligándoles ahora a buscar la paja para los ladrillos:
“Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo”. Éxodo 5:22-23 |
Dios, luego de asegurarle que Él ha escuchado el gemido del pueblo, le dice:
“Yo soy JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto”. Éxodo 6:6-7 |
| Cuando el pueblo de Israel se queja pidiendo carne, Moisés se siente abrumado por la gran tarea de guiarlos por el desierto:
“Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?” Números 11:11 |
El Señor provee la solución, preparando hombres que asistan a Moisés en su tarea:
“Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo”. Números 11:16-17 |
| Los israelitas estaban siendo oprimidos por los madianitas y Gedeón siente que el Señor los ha abandonado:
“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado..?” Jueces 6:13 |
Dios le responde asegurándole que vencerán a los madianitas (Cuando Gedeón no tenía siquiera un ejército pequeño):
“Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?” Jueces 6:14 |
El Dios que consoló a sus atribulados hijos hace más de dos mil años, que habló palabras tiernas a Su pueblo cuando estaba en el exilio, que prometió —en la persona de Jesucristo—, estar con sus discípulos “todos los días hasta el fin del mundo” es el mismo que todavía hoy alivia nuestras penas y nos habla al corazón. A pesar de nuestra poca fe, de nuestra incredulidad y debilidad, Él nos llena de nuevas fuerzas y nos sostiene.
Sí, experimentaremos aflicciones; sí, nuestras almas se atribularán, pero sigamos el ejemplo de los santos del pasado: Como Ana, vayamos atribulados en espíritu a la presencia del Dios que consuela, y derramemos nuestras almas delante de Jehová. Él nos concederá irnos en paz, restaurará nuestro gozo y se acordará de nosotros (1 Samuel 1:15-18).
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Massiel Zapata mayo 31, 2010 






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