Inteligencia o Estupidez
Comencemos definiendo términos. Según la RAE (Real Academia Española) “inteligencia” significa:
Inteligencia
(Del lat. intelligentĭa).
1. f. Capacidad de entender o comprender.
2. f. Capacidad de resolver problemas.
3. f. Conocimiento, comprensión, acto de entender.
Luego, nos define “estupidez” de la siguiente manera:
Estupidez.
(De estúpido y -ez).
1. f. Torpeza notable en comprender las cosas.
¿Por qué definir estos términos? ¿Qué tiene que ver con este blog o artículo?
En mi experiencia —aunque corta pero variada—, a través de la internet, de los distintos medios sociales e incluso en debates o conversaciones en público, se dice que los cristianos somos personas “estúpidas” las cuales no desean “conocer” más porque la misma Biblia lo prohíbe. Aunque es una gran falacia porque en ninguna parte la Biblia condena el conocimiento, es algo usual de ver y escuchar. Somos los ignorantes y los estúpidos. Pero, ¿Por qué?
Uno de los argumentos es que cómo puede un hombre “razonable e inteligente” pensar que existe un Dios en los cielos que creó todo el universo, ¿Quién podría creer algo así? Sus respuestas no son más que ataques ad-hominem. Para ellos, nadie debería creer en ese “cuento de fantasías”. Es más, hasta nos presentan estadísticas donde alegan que más del 80% de los científicos son ateos. Incluso nos dan varias citas como esta:
Todo hombre pensante es ateo – Ernest Hemingway
¿Es esto así? ¿Son los cristianos personas estúpidas por creer en Dios y no en el azar? Ciertamente no. Existe una mayor torpeza en comprender la realidad cuando aceptamos que somos producto del azar y no del Dios Creador de la Biblia. Debo aclarar, primeramente, que existen muchos engañadores, falsos maestros que se hacen pasar por cristianos y que engañan a grandes multitudes a dar dinero para que sean más ricos, a creer en las fechas de la Segunda Venida, y en muchas otras cosas que no son bíblicas. Y aun estos engañadores no son estúpidos, ya que utilizan la astucia y la inteligencia para robarles a las demás personas. Pero incluso éstos, no son capaces de comprender la realidad que la Biblia muestra.
Aquellos que creemos en Dios utilizamos nuestra capacidad de razonar así como la fe misma para creer en lo que la Biblia nos enseña y muestra ser cierto, más el Espíritu Santo quien es que nos hace entender el mensaje de salvación de las Escrituras. Si la verdad es aquello que concuerda con la realidad, la cosmovisión cristiana es la única cosmovisión válida que existe; es la única cosmovisión racional e inteligente en la cual creer y por la cual vivir. ¿Por qué? Porque es la única que cumple con las condiciones previas de inteligibilidad. Es decir, la cosmovisión cristiana es la única cosmovisión que posee y presenta las condiciones previas para poder conocer y para tener un razonamiento conforme a la realidad. Estas condiciones previas nos permiten asumir la universalidad de las leyes de la lógica, la uniformidad de la naturaleza y la realidad de leyes morales absolutas. Ni la cosmovisión naturalista o atea puede explicar estas condiciones previas.

Michael Faraday
Es por esto que vemos como científicos tan influyentes en la historia de la ciencia fueron creyentes; todos hombres inteligentes y capaces en sus aéreas de estudios: Blaise Pascal, Michael Faraday, Roger Bacon, John Dalton, Gregor Mendel, Robert Boyle, entre otros. Así como filósofos y estudiosos que existen en el presente como Ravi Zacharias, John Frame, Stephen Meyer, Albert Mohler, D.A. Carson, etc.
Contrario a lo que la mayoría de los ateos y naturalistas piensan, la fe cristiana no nubla la razón, por el contrario, la libra de aquello capaz de nublarla: el pecado. Según Romanos 1:18-21, los no creyentes conocen a Dios en sus corazones (v.21). Dios se ha manifestado, y ha sido evidente para que no tengan excusas. Lo que hacen los no creyentes es que “con injusticia suprimen la verdad” (v.18). Son culpables de auto engañarse. Conocen a Dios lo suficiente como para poder conocer las demás cosas, pero a la misma vez para ser condenados por no creer en Él como su Salvador. Es por esto que sólo podrán ser regenerados y entenderán la Palabra de Dios en las Escrituras cuando vengan a los pies de Jesucristo reconociendo su soberanía y su poder, y su obra redentora en la cruz.
El creer o no en la existencia de Dios no es un problema de moral, no es un problema de inteligencia o de estupidez, ni tampoco un problema de ignorancia. La Biblia nos enseña que es un problema interno de pecado. Es un deseo de no someternos al reinado de Cristo sobre nosotros, así como dijeron los ciudadanos del noble: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14). Las evidencias no bastarán, sólo el Espíritu Santo los hará ver y comprender la verdad del Evangelio, y ver las contradicciones en las que viven.
Al final, los que creemos no creemos por ser superiores a los no creyentes. Creemos porque Dios nos escogió.
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Abraham Paniagua junio 15, 2010 






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