El gozo de confiar en el Señor

1 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!
2 Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová;
Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
3 Aun el gorrión halla casa,
Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos,
Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos,
Rey mío, y Dios mío.
4 Bienaventurados los que habitan en tu casa;
Perpetuamente te alabarán. Selah
5 Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos.
6 Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente,
Cuando la lluvia llena los estanques.
7 Irán de poder en poder;
Verán a Dios en Sion.
8 Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración;
Escucha, oh Dios de Jacob. Selah
9 Mira, oh Dios, escudo nuestro,
Y pon los ojos en el rostro de tu ungido.
10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos.
Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios,
Que habitar en las moradas de maldad.
11 Porque sol y escudo es Jehová Dios;
Gracia y gloria dará Jehová.
No quitará el bien a los que andan en integridad.
12 Jehová de los ejércitos,
Dichoso el hombre que en ti confía.
Salmos 84, RVR1960
Solamente leer este salmo es suficiente para que nuestras almas sean refrescadas como si estuviésemos bajo una cascada en un día de mucho cansancio. C.H. Spurgeon lo llamó “la perla de los salmos” y escribió que si el salmo 23 es el más conocido y el 103 el de más gozo, éste es el más dulce de todos los salmos de paz [1].
En él se celebra el gozo de ir a adorar a la casa del Señor y el privilegio que significa ser bienvenido en la mismísima casa de Dios. Creo que analizarlo exhaustivamente llevaría varias páginas y seguro sólo tocaríamos la cubierta de este tesoro inagotable, así que destacaremos únicamente dos aspectos de él:
- Algunos de los nombres con los cuales se hace referencia a Dios:
Este salmo grita confianza en todos sus versículos y eso podemos verlo en los nombres con los que se llama a Dios.
Al inicio, el salmista se refiere al Señor como Dios vivo. Nuestro Dios es un Dios que tiene vida, es un Espíritu, infinito, eterno e inmutable[2]. Es por Él ser un Dios vivo que es el único que puede dar vida, no únicamente vida física, sino mucho más importante vida espiritual a los que confían en Jesucristo y son lavados en Su sangre. Es por esa misma razón que los que han creído en Él dan fruto, porque sólo algo vivo puede producir fruto: Cuando nuestras almas son unidas a Dios producimos fruto porque Él es un Dios vivo.
Otro nombre que llama mi atención es Jehová de los Ejércitos, el cual se repite cuatro veces en el salmo. Este nombre, que es muy usado en el Antiguo Testamento, puede tener dos acepciones: Una es en sentido militar, nuestro Dios es el “Comandante” quien dirige los Ejércitos tanto del Cielo como de la tierra y por ende puede hacer frente a sus enemigos y defender a los suyos. La segunda acepción es común en los salmos y es un término más real que militar, es decir, enfatiza el hecho de que nuestro Señor es un Rey Majestuoso[3]. Nuestro Dios reina y es Todopoderoso —así traduce este nombre la Nueva Versión Internacional—, nada ni nadie puede detener su voluntad y Él no conoce límites de ningún tipo. Esa realidad produce esa inmensa confianza en el salmista, y también debe producirla en nosotros. Algunos ejemplos del uso de este nombre en los salmos se encuentran en el Salmo 24 y en el salmo 46.
El escritor también llama a Dios, escudo (Vs.9,11) lo que hace referencia a la protección que tenemos en el Señor. Esta palabra aparece numerosas veces en los salmos en relación con Dios:
Jehová es mi fortaleza y mi escudo;
En él confió mi corazón, y fui ayudado,
Por lo que se gozó mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré (28:7).
Mi escondedero y mi escudo eres tú;
En tu palabra he esperado (119:114).
Misericordia mía y mi castillo,
Fortaleza mía y mi libertador,
Escudo mío, en quien he confiado… (144:2).
Es interesante que en esos ejemplos siempre que se dice que Dios es un escudo, la afirmación va acompañada de una expresión de confianza o de esperanza en el Señor. Si Dios es un escudo, podemos confiar y esperar plenamente en Él.
2. Las bienaventuranzas mencionadas.
El segundo aspecto a destacar sobre este salmo son las tres bienaventuranzas que aparecen en él. Este salmo podría ser dividido en tres partes naturales indicadas por las pausas o selah, palabra hebrea que se cree era un término musical que significaba pausa o acentuación.
Son bienaventurados, benditos, felices, los que habitan en la casa del Señor ¿Por qué? Porque perpetuamente le alabarán. Tener la oportunidad de ir a la casa de Dios a adorarle es un privilegio y una bendición. Los levitas y sacerdotes en el tiempo del antiguo pacto vivían en el templo, ocupados en las cosas propias de allí. Sea que el escritor se refería a ellos o a la bienaventuranza de adorar en la casa de Dios, es en verdad una dicha alabar al Señor en Su casa, en la reunión de sus santos. Como escribe Spurgeon: Debiéramos estar contentos con permanecer para siempre en una ocupación como esa. Vale la pena detenernos y meditar en la perspectiva de habitar con Dios y alabarlo por toda la eternidad[4].
Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. “Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que sólo piensa en recorrer tus sendas” como traduce la NVI. Nadie posee mayor felicidad que aquel que deposita todas sus fuerzas en el Señor. Somos débiles pecadores y constantemente debemos recordar que no podemos hacer nada confiando en nosotros mismos ni en nuestra sabiduría, sólo dependiendo del Señor de los Ejércitos es que tenemos verdaderas fuerzas. Llenemos nuestros corazones de los caminos de Dios, poniendo la mira en las cosas de arriba.
Dichoso el hombre que en ti confía. Creo que esta declaración es un resumen de lo que el salmista ha estado describiendo. Él anhela las moradas del Señor, para él son tan hermosas al punto que prefiere un día en ellas que mil en otro lugar, porque confía en Dios. Él solamente será precioso a nuestros ojos cuando verdaderamente confiemos en Él, y entonces ¡Oh cuán dichosos, felices y benditos seremos! Cuando sólo el Todopoderoso sea nuestra luz y salvación ¿De quién temeremos?
En conclusión, el escritor sabe que el Señor es el Dios que está vivo, el Rey de los Ejércitos y Todopoderoso, es el escudo que protege con amor a sus hijos. Debido a que él conoce estas verdades, él puede tener una confianza inconmovible como la que se respira en las letras del salmo.
Nosotros también podemos tenerla. Necesitamos tenerla. Podemos confiar plenamente en ese Rey de gloria que siempre está a nuestro lado porque hemos creído en Jesucristo. Y una confianza como esa nos llenará de un gozo que va más allá de las circunstancias porque es el gozo que produce la dicha de confiar en el Señor.
[1] Spurgeon, C.H. The treasury of David. Dominio: http://www.spurgeon.org/treasury/ps084.htm#expl. Traducción libre.
[2] Catecismo Menor de Westminster. Pregunta #4. Dominio: http://www.iglesiareformada.com/CatecismoMenordeWestminster.html
[3] Elwell, Walter A. “Entry for ‘God, Names of’”. Baker’s Evangelical Dictionary of Theology. 1997.
[4] Spurgeon, C.H. The treasury of David. Dominio: http://www.spurgeon.org/treasury/ps084.htm#expl. Traducción libre.
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Massiel Zapata agosto 9, 2010 







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