Frente a un nuevo año escolar

Esta semana se inicia el año escolar en nuestro país y en muchos otros. Los estudiantes retornan a un nuevo curso y los profesores a sus responsabilidades. Para un profesor, el inicio de un año escolar conlleva una mezcla de sentimientos: Alegría, ansiedad, temor, preocupación y a veces, hasta cansancio. No es sorprendente ya que, luego de un intenso período escolar, todo profesor termina drenado pues la educación es una profesión sacrificial porque es una carrera de servicio, la cual —mirada desde el lente correcto—, pone un enorme peso sobre los hombros de quien la ejerce: La responsabilidad de asistir a los padres en la formación de la próxima generación.

Los educadores cristianos tienen esta responsabilidad, pero a ella se le suma el hecho de que éstos deben traspasar mucho más que simple conocimiento académico. Alguien ha dicho que “nuestra meta no es hacer de nuestros estudiantes pecadores más inteligentes, es que hacerlos más como Cristo”. El profesor cristiano muestra toda la creación del mundo, todos los contenidos del currículum, a través de los lentes de la Palabra de Dios. Además de ésto, como sabe que está trabajando con almas, no ignora las manifestaciones de pecado en sus estudiantes, las cuales se muestran en su carácter. En amor, el profesor cristiano, vela por estas almas y juntamente con los padres trabaja  con el carácter de sus estudiantes. La misión de padres y educadores cristianos la vemos en el Salmo 78:

Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová,

Y su potencia, y las maravillas que hizo…

Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;

Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,

A fin de que pongan en Dios su confianza,

Y no se olviden de las obras de Dios… (Salmos 78:4,6-7).

En palabras del pastor Sugel Michelén: “La labor distintiva de una escuela cristiana es la actividad de enseñanza y aprendizaje… La educación cristiana sigue siendo educación. Los pensamientos del maestro deben estar teñidos de la Palabra de Dios… él tiene que aprender a filtrarlo todo a través de las verdades centrales de la fe cristiana [1]”.

Pensando en la advertencia que da la Palabra a los maestros, debido a la responsabilidad que esta labor implica, imaginé la siguiente escena:

El Hijo del hombre se sentará en su Trono,

rodeado de gloria y de majestad.

Los pueblos del mundo delante de Él estarán,

A su derecha las ovejas y a su izquierda las cabras.

Entonces dirá el Rey a un grupo de la derecha,

a un grupo apartado dentro de las ovejas les dirá:

“Venid, vosotros maestros bendecidos por mi Padre,

heredad el Reino que he preparado para vosotros

desde antes de la fundación del mundo.

Porque tuve hambre espiritual

y me disteis de comer con la Palabra.

Porque mi alma estuvo sedienta,

y me disteis a beber del principio de la sabiduría.

Porque no conocía el lenguaje

y me mostrasteis al Eterno Escritor.

Porque fui ignorante de la historia

y me presentasteis al Gran Historiador.

Porque no comprendía las ciencias

y me disteis a conocer al Verdadero Científico.

Porque no conocía nada de nada,

y me enseñasteis al que es el todo en todos.

Porque mi corazón fue un animal salvaje,

y me domasteis con la gracia y la Verdad.

Porque cuando necesité ver al Salvador,

vi a Cristo en vosotros”.

Entonces los maestros justos, sorprendidos,

le responderán diciendo:

“Señor ¿Cuándo te vimos con hambre espiritual

y te sustentamos con la Palabra;

o sediento y te dimos a beber sabiduría?

¿Y cuándo te vimos iletrado

y te mostramos al Eterno Escritor;

o ignorante y te presentamos al Gran Historiador?

¿O cuándo tu corazón fue un animal salvaje,

y te domamos con la gracia y la Verdad;

o cuándo necesitaste ver al Salvador

y viste a Cristo en nosotros?”.

Y respondiendo el Rey de reyes, les dirá:

“En verdad os digo que cuando lo hicisteis

a uno de estos mis preciados estudiantes,

aun a los más pequeños, a Mí lo hicisteis”.

Tras una pausa donde ya no existe el tiempo,

el Rey dirá también a los de su izquierda:

“Apartaos de mí, maestros malditos,

los arrojo al fuego eterno

preparado para el diablo y sus ángeles.

Porque tuve hambre espiritual

y no me disteis de comer con la Palabra.

Porque mi alma estuvo sedienta

y sólo me disteis a beber conocimiento.

Porque no conocía el lenguaje

y os contentasteis con mostrarme

unas cuantas reglas gramaticales.

Porque fui ignorante de la historia

y me presentasteis apenas una sucesión de eventos.

Porque no comprendía nada de ciencias

y sólo me disteis a conocer una serie de procesos.

Porque no conocía nada de nada,

y únicamente me enseñasteis conocimiento pasajero.

Porque cuando mi corazón fue un animal salvaje,

os cubristeis los ojos y los oídos,

para no ir la milla extra.

Porque cuando necesité ver al Salvador,

lo busqué en vosotros y no lo encontré”.

Entonces estos maestros, horrorizados,

le responderán diciendo:

“Señor ¿Cuándo te vimos con hambre espiritual

y no te sustentamos con la Palabra;

o sediento y sólo te dimos a beber conocimiento?

¿Y cuándo te vimos iletrado

y te enseñamos reglas gramaticales;

o ignorante y te presentamos apenas

una sucesión de eventos?

¿O cuándo tu corazón fue un animal salvaje

y no fuimos la milla extra;

o cuándo necesitaste ver al Salvador

y no encontraste a Cristo en nosotros?”.

Y respondiendo el Rey de reyes, les dirá:

“En verdad os digo que cuando no lo hicisteis

a uno de estos mi preciados estudiantes,

aun a los más pequeños, tampoco a Mí lo hicisteis”.

“Hermanos míos,

no os hagáis maestros muchos de vosotros,

sabiendo que recibiremos un juicio más severo”. (Santiago 3:1)

Los profesores tenemos una gran responsabilidad para la cual no somos suficientes. Sin embargo, lo hacemos en el poder y con las fuerzas del Señor ya que separados de Él no podemos hacer nada. Es Su obra la que realizamos. Sólo con la gracia del Dios Todopoderoso podremos escalar los peldaños de este año escolar y proclamar a la próxima generación las maravillas del Señor. “Porque por esto trabajamos y nos esforzamos, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes” (1 Timoteo 4:10, LBLA).


[1] Michelén, Sugel. “El papel de la escuela cristiana en la iglesia”. Sermón predicado el 15 de Agosto de 2010 en Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo.

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