¿Huérfano o Hijo?

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan (1:12-13)
Si hiciéramos la pregunta a una multitud de personas, ¿que es el evangelio?, de seguro recibiríamos diversidad de respuestas. Algunas no necesariamente incorrectas, pero otras, que aunque puedan sonar muy motivantes y alentadoras, trastornan la verdad bíblica del evangelio. Juan nos presenta en dos breves versículos, la más maravillosa noticia que hombre alguno pueda escuchar o conocer. El mensaje de Cristo, con una de sus más gloriosas inferencias es presentado aquí majestuosamente. ¿Qué es el evangelio, esa buena noticia que muchos dicen conocer y proclamar, de acuerdo a estos versos?
El apóstol Juan dedica su evangelio a presentar a Cristo como el “logos” eterno, el Verbo, aquel que es la revelación perfecta del padre. Juan hace esto destacando la deidad de Cristo. Esto queda claro en diversos pasajes a través del libro, tales como Juan 1:3 (Cristo como creador), Juan 5:18, 8:58, 10:30-33 (Cristo es uno con el padre, el gran “Yo Soy”). Los versos que tenemos ante nosotros pertenecen al prólogo de este evangelio donde Juan introduce la persona de Cristo como aquel que era desde el Principio, por quien todas las cosas fueron hechas. Ese alguien vino al mundo. Aun cuando él estaba en el mundo, él vino al mundo de manera especial. Haciéndose uno más entre los hombres. Es en el contexto de su venida y recepción que Juan llega a los versos 12 y 13. Y podemos ver que nos presenta en ellos al menos dos cosas: Un Problema inferido y una buena noticia proclamada.
I. El problema inferido
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
Cristo es presentado como la condición y/o el canal para ser hijo de Dios. Y en esto inferimos un problema que tristemente muchos hoy en día no ven, un problema que quizás tú como lector no has visto. No todos son hijos de Dios. Mi amigo lector, el problema más grande de un ser humano no es la crisis económica o una enfermedad mortal, su mayor problema es que si no esta en Cristo, Dios no es su padre. En una sociedad tan relativizada como la nuestra, esto podría sonar duro o intolerante, y lo es. No necesitamos una explicación profunda del texto para darnos cuenta de esto. El evangelio de Cristo, echa afuera toda tendencia universalista que podamos tener. No todos son hijos de Dios, más todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
El problema queda inferido también en el hecho de que necesitamos ser hechos hijos de Dios, nadie nace o se hace a sí mismo hijo de Dios. La paternidad divina no es el resultado de nuestro esfuerzo, de nuestra descendencia familiar o de nuestra voluntad. Muchos creen que la posición natural del hombre es “hijo” de Dios, pero las Escrituras no nos dan lugar a eso. Necesitamos ser hechos hijos.
Nuestro pecado ha puesto separación entre nosotros y Dios (Romanos 3:23), ha creado enemistad entre nosotros y Dios. Es una barrera tan grande que no podemos pasar y tan pesada que no podemos cargar, estamos en total perdición, huérfanos, sin padre en este mundo. De nuevo, el mayor problema del hombre no es la crisis económica o una enfermedad mortal, nuestro mayor problema es que somos huérfanos.
Esta verdad queda manifiesta en muchos otros lugares de las Escrituras, donde el ser humano en su condición natural es presentado como enemigo de Dios, hijos de ira, etc.
Por ejemplo, El apóstol Pablo hablando a los creyentes en Efesios les recuerda lo que estos eran y lo que Dios había hecho en ellos al darles vida:
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Efesios 2:1-3
De igual forma les informa a los creyentes de la iglesia en Colosas:
Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado. Colosenses 1:21
De modo que un terrible problema queda inferido: no todos son hijos de Dios. La pregunta que debemos hacernos es, ¿Soy yo un Hijo de Dios? No si te crees hijo de Dios, mi amigo lector, ¿Eres tú un hijo de Dios? Si lo eres, regocíjate en que Dios es tu padre, que su amor y su gracia te rescataron de tu vana manera de vivir atrayéndote a su familia y hoy puedes descansar en su paternidad. Pero si no lo eres, teme y no lo tomes a la ligera, no obstante, considera con detenimiento lo que Juan nos dice.
II. Una buena noticia proclamada
La noticia proclamada por estos versos no podría ser más gloriosa. El mayor bien que podemos recibir es la paternidad de Dios, y Juan nos dice, nos grita, que hay una forma de obtenerla. “Mas a los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
¿Cómo es posible que hijos de ira, desobedientes y pecadores criaturas, enemigos, pueden ser hechos hijos de Dios? Quizás pienses que debemos empezar a comportarnos mejor, cambiar nuestros hábitos y vivir de una forma diferente.
Juan no nos dice que a los que se portan bien, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, tampoco dice que a los que atienden a la iglesia, o los que hacen buenas obras. La diferencia entre ser y no ser hijo, no está en nosotros, está en Cristo. “Mas a los que le recibieron, a los que creen en su nombre.”
He aquí la gloriosa noticia que tanto necesitamos, “Cree en el Señor Jesucristo y Serás Salvo”, el llamado del evangelio es un llamado a creer, aquellos que no le reciben son los que prefieren la incredulidad, negar que Cristo es quien dijo ser.
Este es un llamado ilimitado, todos están invitados, no hay prerrequisitos ni condiciones. No importa la raza, el color de piel, el idioma, el país de donde venga, todos están llamados, porque a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
Si eres huérfano, considera estas palabras como una invitación a aquel que siendo el ofendido, ha provisto una vía para reconciliar al hombre consigo mismo. ¿Por qué desperdiciar tu vida viviendo como huérfano? ¿Por qué permanecer en tu estado de carencia cuando Cristo vino para abrir un camino perfecto y directo al padre? Para esto vino Cristo y murió en la cruz, para hacer posible tú adopción a la familia de Dios. Quizás digas, “pero es que yo he sido muy malo…” Por esa misma razón es que has sido su enemigo, y es por esa misma razón que necesitas a un Salvador, He aquí lo que Dios ha hecho en Cristo:
Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Gálatas 4:4
Quizás dices, “pero yo he sido una buena persona, no le he hecho daño a nadie, debo ser un hijo de Dios”. Mi amigo, los hijos de Dios, lo son por lo que Cristo ha hecho, no por nada que haya en ellos. Si quieres firmar los papeles de adopción con tus obras, tu adopción será revocada, quita tus ojos de ti mismo y ponlos en aquel que derramó su sangre, aquel que vino para redimir a los esclavos como tú y como yo.
¿Eres Huérfano o Hijo?
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Carlos Peña mayo 27, 2011 






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