Siempre Preparados

Una de las promesas que más anima y consuela a los creyentes es recordar que este mundo es pasajero. En el tiempo que Él ha determinado, el Señor Jesucristo regresará y Sus hijos reinaremos para siempre con Él.

Sin embargo, resulta provechoso preguntarnos con cuánta frecuencia pensamos en la Segunda Venida y aun si vivimos nuestros días a la expectativa de ella. De acuerdo a la Escritura, los siervos del Señor deberíamos vivir aguardando ese momento con ansias:

“Estad siempre preparados y mantened las lámparas encendidas, y sed semejantes a hombres que esperan a su señor que regresa de las bodas, para abrirle tan pronto como llegue y llame. Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir , y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá. Y ya sea que venga en la segunda vigilia, o aun en la tercera, y los halla así, dichosos son aquellos siervos. Podéis estar seguros de que si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora iba a venir el ladrón, no hubiera permitido que entrara en su casa” (Lucas 12:35-39).

Una de las razones, según el texto, por la que debemos estar preparados es precisamente porque no sabemos el momento en que el Señor regresará. La idea es que debemos mantenernos listos, con la ropa ajustada y la luz encendida, como el que va de viaje (Lucas 12:35, NVI), deseosos anhelando que ese momento glorioso llegue.

No obstante, la realidad es que nuestros débiles corazones se dejan envolver con los afanes de este mundo temporal y no sólo olvidamos el regreso de nuestro Salvador, sino que a menudo ni lo anhelamos. Quizás pensando en ello, un siervo puritano escribió la siguiente oración, la cual refleja lo que debería ser nuestra actitud hacia la Segunda Venida:

Hijo de Dios e Hijo de Hombre,

Tú te encarnaste, sufriste, te levantaste y ascendiste a los Cielos por mi bien;

Tu partida no fue un sello de separación sino una promesa de tu regreso;

Tu Palabra, tus promesas y tus sacramentos nos muestran tu muerte hasta que vengas de nuevo.

Ese día no es un horror para mí,

pues tu muerte me ha redimido,

tu Espíritu me llena,

tu amor me anima,

tu Palabra me gobierna.

He confiado en Ti y Tú no has traicionado mi confianza;

he esperado en Ti y no he esperado en vano.

Tú vendrás a rescatar mi cuerpo del polvo

Ésto corruptible se vestirá de lo incorruptible,

ésto mortal, de inmortalidad,

este cuerpo natural, de un cuerpo espiritual,

este cuerpo de deshonra, de un cuerpo glorioso,

este cuerpo débil, de un cuerpo de poder.

Más allá de la tumba está la resurrección, el juicio, la absolución, el dominio.

Y luego del juicio, paz y descanso, vida y servicio,

Gozo y disfrute para tus elegidos.

Oh Dios, manténme en esta fe, y siempre mirando al regreso de Cristo[1].

 

“Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis”

(Lucas 12:40).


[1] Ed. Arthur Bennett. The Valley of Vision: A collection of puritan prayers and devotions. 6th Edition. Carlisle, Pennsylvania: The Banner of Truth Trust, 1994. 27. Traducción y adaptación libre.

 

©Trastornando al Mundo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Siempre estamos dispuestos a oir a nuestros lectores. Escríbenos a info@trastornandoalmundo.com

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook Email