Él escucha
Uno de los temas más tratados y mencionados entre los creyentes es el de la oración. Por lo general, desde el momento en que somos transformados al creer en Cristo, iniciamos nuestra vida de oración la cual dista de ser perfecta y tiene sus momentos altos y bajos. La lucha en la oración no es un problema de nuestra época, pues en la Biblia encontramos varios pasajes que nos animan a tener constancia y perseverancia en la oración (Mateo 26:41; Romanos 12:12; Colosenses 4:2). Y son pasajes que necesitamos recordar con frecuencia.
Es imprescindible que nos mantengamos perseverando en la oración y recordando textos bíblicos que nos animen a ello porque tendemos a desmayar. Llega un momento en que, al orar, nos sentimos como si estuviéramos hablando por teléfono y no hay nadie del otro lado de la línea. Nos preguntamos si realmente tiene sentido, si Dios en verdad escucha, y si lo hace, por qué no recibimos respuesta. Entonces somos tentados a tirar la toalla, dejar de orar por esa petición por la que tanto hemos rogado y seguir con nuestra vida.
¿Escucha Dios las oraciones de sus hijos? ¿Cómo podemos saberlo? La única manera en que podemos responder a estas preguntas es yendo a la Biblia, la Palabra revelada del Señor. En ella encontramos numerosos pasajes que no nos dejan duda sobre la realidad de que Dios sí escucha a sus hijos cuando éstos le oran:
• Cuando el rey de Asiria invadió a Judá y parecía que no había escapatoria para el pueblo del Señor, el rey Ezequías fue delante del Señor y rogó por misericordia: “Y ahora, oh SEÑOR, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, oh SEÑOR, eres Dios. Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: “Lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado.”” (2 Reyes 19:19-20).
• Otro episodio en la vida del rey Ezequías ocurrió cuando éste enfermó de muerte. Él oró al Señor y se nos dice que “antes que Isaías hubiera salido del patio central, vino a él la palabra del SEÑOR, diciendo: Vuelve y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: “Así dice el SEÑOR, Dios de tu padre David: ‘He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí, te sanaré. Al tercer día subirás a la casa del SEÑOR” (2 Reyes 20:4-5).
• El mismo Señor dice que “sucederá que antes que ellos clamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo habré oído” (Isaías 65:24).
• El libro de los Hechos narra cómo Herodes encarceló a Pedro y éste fue librado milagrosamente en medio de la noche. La narración resalta que “la iglesia hacía oración ferviente a Dios por él” (12:5) y aun en la casa a la que Pedro se dirigió cuando fue libertado, los hermanos estaban reunidos orando (12:12).
Estos son sólo algunos de los muchos ejemplos que podemos reunir, tanto de la Biblia como de nuestra propia vida cristiana; no obstante, puede surgir la interrogante de por qué Dios en otras ocasiones parece no responder las peticiones de sus hijos.
C. H. Spurgeon trata el tema de la siguiente manera:
“No debemos interpretar los retrasos en la oración como respuestas negativas… no debemos permitir que Satanás agite nuestra confianza en el Dios de Verdad al señalarnos nuestras oraciones sin respuesta. Estamos tratando con Uno para quien los años no tienen fin, para quien un día es como mil años. Lejos esté de nosotros llegar a conclusiones por la medida de nuestra pequeña hora de tiempo. Peticiones sin respuesta no son peticiones no escuchadas… ¿No será el tiempo de tu Señor mucho mejor que el tuyo? A Su tiempo, Él aparecerá para regocijo de tu alma, hará que guardes el silicio y las cenizas de tu larga espera y te colocará la escarlata y el lino fino de la realización[1]”.
Él siempre nos escucha. Lo que ocurre es que quisiéramos que nos respondiera como al rey Ezequías y cuando su respuesta tarda en llegar o no llega en el momento en que creemos apropiado, entonces concluimos que o nos está diciendo que no o simplemente no nos escucha. Esos pensamientos no son bíblicos y debemos echarlos de nosotros. El mismo Señor al que oramos es el que nos dejó dicho en Su Palabra que:
• “Como un padre se compadece de sus hijos,
así se compadece el SEÑOR de los que le temen.
Porque Él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda de que somos sólo polvo” (Salmos 103:13-14).• “Pero Sion dijo: El SEÑOR me ha abandonado,
el Señor se ha olvidado de mí.
¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho,
sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré.
He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado;
tus muros están constantemente delante de mí” (Isaías 49:14-16).• “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).
Quizás desearíamos que ese último texto dijera que presentemos todo delante de Dios en oración y acción de gracias y Él responderá inmediatamente, sin tardarse más de una semana. Pero eso no es lo que necesitamos. Lo que necesitamos y lo que Dios quiere hacer en nosotros es darnos su paz que sobrepasa todo entendimiento y guardar nuestros corazones en Él ¡Lo cual es mucho mejor!
Él nos escucha siempre, pero no responde como nosotros creemos que es mejor o en el momento que queremos. Y lo hace para nuestro bien. Somos sus hijos a través de la sangre de Jesucristo así que podemos estar plenamente confiados y seguros de esta verdad. Hablémosle, porque Él nos escucha.
“Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” (Hebreos 4:14-16, NVI).
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Massiel Zapata julio 6, 2011 






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