Hasta las más insignificantes

Es maravilloso pensar en la realidad de que el Señor escucha las peticiones de sus hijos, aun las más insignificantes. Podemos venir delante de Él pidiéndole por algo que se nos ha extraviado y Él, el Creador del Universo, que formó las galaxias, los planetas, las estrellas, a los animales, al hombre y que sostiene todo con el poder de Su palabra, se digna a escuchar y responder lo que sus hijos le piden. Él no está demasiado ocupado, o no hay peticiones que le parezcan demasiado “insignificantes” y que decida no prestarles atención; tampoco se enoja porque lo molestamos con nimiedades de las cuales Él no desea ocuparse. No, nuestras peticiones no tienen que ser trascendentales para ser oídas, Él escucha de igual manera a su hijo que le implora por sabiduría para responder ante una provocación y al que susurra ayuda celestial para encontrar las llaves de su casa.

Eso sólo es posible por la obra de Cristo en la cruz y es más de lo que podemos entender. Que eso nos lleve con mucho más frecuencia ante el Trono divino, con toda petición y súplica, porque Él escucha y responde.

Aun más, la Palabra dice que nuestras oraciones son un dulce aroma para el Señor:

 “Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (Apocalipsis 5:8).

“Es como si Dios tuviera una comida favorita. Cada vez que oramos, Él huele el aroma que sale de la cocina mientras preparamos ese plato especial… nuestra oración es el dulce aroma que sale de la cocina y asciende hasta llegar a la cámara del Rey, despertando su apetito. Sin embargo, el verdadero disfrute de la comida es la obra gloriosa que Él realiza al responder la oración. El alimento de Dios es responder a nuestras oraciones[1]”.

Así que traigamos todas nuestras peticiones delante del Rey que se goza en escucharnos y en responderlas de acuerdo a Su voluntad. No juzguemos nosotros si son lo suficientemente “importantes”, dejemos que sea Él quien responda. Y podemos estar seguros de que Él escuchará y responderá, ya se trate de la salud de un ser querido, de provisión económica, de una necesidad de estacionamiento o incluso de un papel extraviado.



[1] Piper, John. Los Deleites De Dios: Meditaciones Acerca Del Placer Que Siente Dios En Ser Dios. Miami, Fl.: Editorial Vida, 2006. 246. Print.

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